A casi un año del crimen: ¿por qué mataron a Miguel Uribe?
2026-03-29 - 05:10
¿Qué sucedió para que la Segunda Marquetalia diera la orden de asesinar a Miguel Uribe Turbay el 7 de junio de 2025 en Bogotá? La respuesta continúa siendo un misterio nueve meses después del hecho, pese a que la Fiscalía, la familia, y hasta el propio Gobierno han intentado encontrar una explicación. El magnicidio conmocionó al país, a la gente que hoy ve sin asombro que, dentro de dos meses, el nombre de Uribe Turbay no estará en el tarjetón que definirá al sucesor de Gustavo Petro. ¿Era ese el objetivo? La declaración de Simeón Pérez, alias “El Viejo”, es el mapa del crimen. Una ruta tenebrosa por conversaciones frías, inmisericordes, casi clínicas. El recorrido conduce a la Segunda Marquetalia, pero es, sobre todo, el camino que dibuja su propio testimonio. Aun así, la verdad permanece incompleta, atrapada en lo que calla la mente que decidió ponerle fin a la vida del senador. “Son cosas muy buenas”, le dijo Kendry Téllez Álvarez, alias “Yako”, para convencerlo de sumarse al plan. Ese fue el punto de partida del final de Uribe Turbay. El caso es tan complejo como su conexión entre uno y otro episodio. Se conforma de historias paralelas que, aunque parecen desconectadas, comparten un mismo destino: el homicidio de Miguel Uribe. En una casa vieja, a la que se llega por una larga vía destapada en las afueras de Cúcuta, muy cerca de la frontera con Venezuela, se pactó el crimen. A Simeón Pérez alias El Viejo, lo recibió alias el Zarco Aldinever, uno de los cabecillas de la Segunda Marquetalia. Amplíe la noticia: Álvaro Uribe acusó al presidente Petro de “instigar” con su discurso el asesinato de Miguel Uribe Turbay La reunión fue breve. Sobre la mesa, apenas una Coca-Cola; frente a frente, los dos hombres; a los lados, otros dos, de pie y fuertemente armados. En ese escenario, el Zarco le entregó a Simeón la “misión” de asesinar al senador. Fue la única vez que se vieron. Desde entonces, su contacto permanente sería alias “Yako”. “Él cuando se me presenta me dice ‘yo soy El Zarco’, y me dijo que estuviera tranquilo que yo estaba recomendado por Kendry (...) me dieron gaseosa, hablamos poco tiempo ya que la entrevista no fue muy larga, solo decía que eran vueltas de alto calibre y me dijo “ya sabemos quien es usted”, me decía “yo no puedo estar saliendo como Pedro por su casa”, la verdad ese señor no me dijo que “vueltas duras o importantes eran pero me dijo que eran buenas, duramos en esa charla como 15 minutos”, contó alias El Viejo. Esa reunión fue en febrero de 2025. La misión de Simeón, era coordinar el crimen. Lo que finalmente terminó haciendo. “El Viejo” le aseguró a la Fiscalía que nunca fue informado sobre los motivos del crimen. Según dijo, solo sabía que la orden provenía de esa estructura armada y que esas razones “eran cosas que no se preguntaban”. Por eso, en la ruta que traza su frío testimonio la pregunta sigue abierta, precisamente desde el del único puente entre los autores intelectuales y materiales, hoy capturado. Seguro alias Yako podría desenredar la pita untada de sangre, o hasta el mismo Aldinever, pero de ninguno hay precisión sobre su paradero. Es más, de Aldinever se dice que lo mató el ELN. La Fiscalía no lo cree y ordenó su captura. Días antes del crimen, alias “El Viejo” se movió con libertad en el entorno del senador. Llegó el 30 de marzo de 2025 a una concentración política en la que participaría Miguel Uribe y se ubicó en las últimas sillas. Desde allí observó cómo, poco a poco, se llenaba un pequeño salón comunal en Bosa. Esperó durante horas, atento, hasta que el precandidato terminó su intervención. Cuando lo vio salir, se acercó sin prisa y, ya a su lado, le tomó una fotografía en primer plano. No levantó sospechas, como muchos otros asistentes, buscó retratarse con la figura política del momento. Pero, a diferencia de los demás, Simeón no usó la imagen de inmediato. Lea aquí: Tragedias, funerales, homenajes póstumos y política: así ha transcurrido la vida de Miguel Uribe Londoño La guardó. Solo la compartió un día antes de la acción criminal. Ese gesto, aparentemente inofensivo, hacía parte del seguimiento, la observación de rutinas, tiempos y movimientos de la víctima. De acuerdo con el expediente del caso, alias El Viejo permaneció en la zona entre las 08:52 a.m. y las 11:33 a.m. La Segunda Marquetalia es una estructura criminal que se sostiene de rentas ilegales como la producción y distribución de cocaína, entre otras actividades ilícitas, lo que le permite manejar recursos millonarios. Por eso, uno de los datos que más llama la atención en la declaración de Simeón es el monto que, según su testimonio, se habría ofrecido por el crimen: mil millones de pesos. Tratándose de la figura que representaba Miguel Uribe, resulta difícil entender que el precio de su vida se hubiera fijado en un monto que, dentro de las lógicas del crimen organizado, no parece proporcional. Pero, sobre todo, porque lleva a una pregunta más de fondo: ¿cuáles eran realmente los motivos de la Segunda Marquetalia para ordenar y financiar el magnicidio? La Fiscalía ha sostenido que el objetivo del grupo era desestabilizar la democracia. “Se encontraron coincidencias entre los relatos y la evidencia documental, como fotografías y labores de seguimiento al senador. La evidencia indica que el magnicidio obedeció a una determinación de una estructura de mayor jerarquía, en línea con la intención de la ‘Segunda Marquetalia’ de generar un impacto sobre la democracia y los procesos políticos del país”, dijo la fiscal Luz Adriana Camargo. Los investigadores refuerzan la hipótesis según la cual la escogencia del precandidato presidencial Uribe Turbay como objetivo estaría relacionada con su postura crítica frente a los acercamientos con grupos armados impulsados en el marco de la política de “paz total” del presidente Petro. “Los análisis nos indican que las decisiones del grupo armado organizado residual se tomaron de manera consensuada”, agregó la Fiscal. La explicación, sin embargo, aún deja vacíos. No está claro por qué la organización optó por el asesinato del precandidato, y no por otra acción armada de mayor alcance. Y, en ese mismo sentido, persiste la duda central: ¿por qué Miguel Uribe? Al campamento de la vereda Los Ángeles, en el municipio de Belén de los Andaquíes, llegaban los pelaos más jóvenes reclutados por la Segunda Marquetalia. Allí recibían, quisieran o no, instrucción técnica y militar. El grupo asentado en esa zona tardó apenas unas semanas en armar una bomba de 20 libras, iba dentro de una caja metálica, con una sustancia gelatinosa en su interior. No era un artefacto cualquiera. El plan era trasladarlo desde Caquetá hasta Bogotá y, gracias a imanes de alta potencia, adherirlo a la camioneta de un firmante de paz para detonar la carga a distancia. Pero ese día no hubo oportunidad. El vehículo nunca quedó expuesto. El plan se cayó. Entonces vino el ajuste. En esa fase aparecen alias “Gabriela”, alias “Chipi”, “el Costeño” y “El Viejo”, en lo que, según las indagaciones, hacía parte de una secuencia de acciones orientadas a desestabilizar el orden público, apenas una semana antes del crimen de Miguel Uribe. Que la historia pase por Caquetá no es un dato menor. A ese mismo territorio fue llevada Katherin Martínez, alias “Gabriela”, apenas dos días después del atentado del 11 de junio, en un movimiento que refuerza la idea de que ese departamento no solo fue escenario de preparación, sino también un punto de repliegue dentro de la operación. Desde el comienzo, las referencias a esa zona fueron inmediatas. La presencia y control territorial de esa disidencia en el área explicaban por qué el foco investigativo se dirigió hacia allí. Y con las primeras capturas empezaron a aparecer piezas que encajaban, testimonios y vínculos que apuntaban a Caquetá y que, con el paso de los días, fueron dándole solidez a la hipótesis de que ese grupo armado estuvo detrás del homicidio. María Claudia Tarazona, esposa de Miguel Uribe coincide en que hay cosas que aún no se han dicho. Asegura que el crimen no solo tuvo un impacto humano y político inmediato, sino que se inscribe en una lógica más amplia que no ha sido completamente develada. En su lectura, el magnicidio sí tuvo un efecto directo sobre el escenario electoral, pero no se agotaría en ese propósito. “Yo creo que es parte de lo que ellos estaban planeando, electoral, por supuesto que lo desestabilizaron, por supuesto que el país tuvo una gran pérdida y el tema electoral en Colombia cambió radicalmente con la muerte de Miguel, o sea, la pérdida de un gran, gran liderazgo y de una figura que posiblemente iba a ser la que iba a cambiar el rumbo de Colombia para siempre”, afirma, al subrayar el vacío político que dejó su muerte. Sin embargo, su planteamiento va más allá de ese primer nivel de análisis y apunta a motivaciones adicionales que, hasta ahora, permanecen en la sombra: “Entonces, por supuesto que su objetivo lo lograron, pero yo creo que hay muchos más intereses detrás de la orden del asesinato de Miguel, que eso es lo que la Fiscalía tendrá la responsabilidad de esclarecer, ojalá en el menor tiempo posible”. Entre versiones y exposición mediática, el caso sigue cojo. La única lectura sólida, hasta ahora, es que la vida de Miguel Uribe quedó atrapada en una pirámide de mando que se habría activado desde la Segunda Marquetalia que lo declaró “objetivo militar”; desde allí, la instrucción descendió hasta Henry Telles, del Frente 53, quien la convirtió en una operación concreta, conectando a la estructura armada con redes criminales en Bogotá; y, en el último eslabón, pasó a manos de alias “El Viejo” y “El Costeño”, quienes reclutaron a un menor de 15 años para ejecutar el ataque y coordinaron la huida. “El Viejo” fue condenado a 22 años de prisión; Carlos Mora y Katherine Martínez a 21 años por labores de apoyo; y el autor material, el adolescente, recibió una sanción de siete años bajo el sistema para menores. Entérese: Video | Así fue el conmovedor adiós del pequeño Alejandro a su padre Miguel Uribe Turbay